«Toro» Quevedo: Los amigos son reales, no virtuales

Por Santiago Gómez

Especial para Suplemento TENDENCIAS de La Voz del Interior

La voz. Uno de los grandes cantantes que dio Córdoba se describe como un obsesivo de los autos. El diseño no lo seduce. Valora el avance de la tecnología, pero prefiere las relaciones cara a cara.

El amor del “Toro” por los autos empezó a sus 15 años, cuando aprendió a manejar de manera autodidacta. “Estábamos en mi casa y la madre de una amiga me dio las llaves de su Peugeot 403 para ir al almacén. Me subí y me largué solo. La palanca de cambio iba en el volante”, recuerda.

–¿Cuál fue tu primer auto?

–Un Fiat Súper Europa. Trabajaba en el Banco de Córdoba y me lo gané en un sorteo interno. Después pasé a un 128 y luego a un 147. Los Fiat eran la moda. Me gustaba el ruido del caño de escape; ahora, escucho una moto y no la tolero.

–¿Cuidás mucho el auto?

–Soy muy obsesivo. No dejo subir a los chicos con los pies sucios. No quiero que coman dentro, y menos si recién lo lavo. Me gusta que esté brillante; apenas lo veo un poquito sucio, lo repaso.

Cuando maneja, le gusta escuchar música en silencio. “Prefiero que no me hablen, por eso no uso el GPS. Que a cada rato te digan ‘recalculando’, no hay forma”, explica.

Hace más de 20 años que vive en barrio La France. En su hogar predomina el blanco y el negro, y cada ambiente tiene un símbolo de su carrera. “Mi mujer armó todo. No soy de darle importancia al diseño, pero sí me gusta el orden”, aclara.

–¿Recordás cómo era tu primer hogar?

–Me crié en el barrio Alberdi de Río Cuarto. Era una casa simple, la levantó mi viejo con un compañero del ferrocarril que lo ayudaba sólo a cambio del almuerzo de los domingos. El día que se techó, vinieron todos y mi viejo les quiso pagar, pero se ofendieron. Hicimos un gran asado. Eran otros tiempos, otros códigos y valores admirables. Ahora, eso es casi inusual.

Su lugar en la casa paterna era el dormitorio, donde en la Winco escuchaba a Nino Bravo y Tom Jones. “Con las ollas de mi vieja armaba la batería y me la pasaba cantando”, cuenta.

El “Toro” narra como pasó del tocadiscos al primer walkman que le regalaron en sus inicios en Chébere; luego en los 90’ llegó el discman Sony. Hoy, todo lo escucha en su notebook.

–¿Cómo te llevás con la tecnología?

–No me gusta depender de la tecnología. El celular lo uso sólo para llamar, los sms son un idioma mudo que no comparto.

Destaca la importancia de Internet. “Es maravilloso, con una tecla te comunicás con el mundo, pero me parece peligroso para los chicos”, aclara.

–¿Usás redes sociales?

–No me convencen, soy de personalizar las relaciones. ¿Qué es un amigo de Internet? Mi hermana falleció a los 18 años y siempre tuve la necesidad de un hermano. Cuando adopto una amistad, soy muy celoso y de códigos inquebrantables. Necesito estar en contacto con ese amigo.

Hace 26 años que Jorge estudia música; hoy utiliza YouTube para buscar canciones. “En la época de Chébere no existía la inmediatez actual. El Negro Videla viajaba y traía nuevos temas, así llegó Leña Seca. Antes no había arreglos, era sólo el Negro y su piano. Eran otros tiempos”, recuerda.

“Toro” según “Toro”. Quevedo reparte su tiempo entre la familia y las giras por todo el país. Actualmente, está presentando su último disco, “Dame una Razón”. La meta este año es editar en DVD el recital del 2012 en el Orfeo.

http://www.lavoz.com.ar/cordoba/toro-quevedo-amigos-son-reales-no-virtuales

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