Daniel Willington: No quiero que la computadora me atrape como la televisión

Por Santiago Gómez
Especial para Suplemento TENDENCIAS de La Voz del Interior
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Simple, un hombre común. Ese es el mejor modo de definir a Daniel Willington: deja de lado los lujos en el hogar y le gambetea a la tecnología. Sin embargo, los autos lo seducen.

“El Daniel” vive en barrio Pueyrredón, pero su lugar en el mundo es Jardín Espinoza: “El amor me trajo a vivir acá. El barrio de mi vida es Jardín Espinoza, es el mejor, ahí tengo mis afectos y es donde crecí”, dice.

En cambio, de barrio Pueyrredón destaca la tranquilidad y la cercanía de la Plaza Alem: “Me gusta salir a caminar y sentarme en la plaza a fumar un cigarro”, cuenta.

En su hogar, las paredes están llenas de cuadros que transmiten muchos recuerdos: allí se puede ver su historia y se destacan las fotos con Pelé y Maradona. Es un típico hogar de clase media, sin grandes lujos, con muebles tradicionales donde está exhibida gran cantidad de trofeos y hasta un fútbol “de los de antes”.

–¿Cuál es tu rincón preferido en el hogar?

–Mi habitación, porque es donde tengo la tele. Me gusta vivir como cualquier persona común, sin grandes lujos. Como busco tranquilidad, me gustaría tener un gran patio con árboles, para sentarme a escuchar el cantar de los pájaros.

–¿Un lugar ideal en el mundo para vivir?

–En el ’71 vivía en Veracruz, México, a dos cuadras del mar: era soñado. Tenía una casa amplia y cómoda; lo mejor era que allá se terminaba el partido y no se hablaba más, nada que ver con lo que pasa acá.

Otro lugar que seduce a Daniel es Villa Cura Brochero: “Tiene el río cerca y una linda vida de pueblo” dice.

– ¿Tu primer casa?

–La tuve gracias a Don “Pepe” Amalfitani, que vio que yo “quemaba” la plata. Por eso, sólo me pagaba una parte del sueldo y el resto lo guardaba. A los meses, me llamó y me mandó a comprar mi primer casa, que fue en Ramos Mejía. Tenía 23 años. Acá tuve la posibilidad de comprarme una espectacular, pero mi viejo me hizo hacer mi propia casa. Ahorré “de pecho”: así, cuando venía a Córdoba directamente me sacaba plata para pagar la obra. En el ’72 la terminé.

–¿Cómo te llevás con la tecnología?

–Lo único que uso es el celular, para llamadas. No sé leer mensajes, lo tengo porque me lo hizo comprar mi mujer por cualquier emergencia. A la computadora ni sé enchufarla, la usa ella que me metió en “el fei” (por Facebook): me cuenta que tengo muchos amigos y me lee los mensajes. Yo no le doy importancia, tengo miedo que la computadora me atrape igual que me atrapó la televisión. Dejaría de ser un ser humano para pasar a ser un robot al servicio de la tecnología.

–¿Qué no te gusta de la tecnología?

–Ver a los chicos embobados con el celular o con la compu y que el padre les habla y ni bola le dan. Antes tu viejo te decía “eu” y ya prestabas atención. Ahora, a los 10 años ya saben usar todo; por ahí terminan viendo algo porno, también hay muchos peligros, como que los engañen y los secuestren. Hay que controlarlos, pero los padres no tienen tiempo para hacerlo.

– ¿Te definís como adicto a la TV. ¿Qué tele tenés?

–Un Sanyo que tiene 15 años y que necesitás cuatro para alzarlo. El primero que tuve fue un Stromberg Carlson blanco y negro, con caja de chapa.

–¿A qué edad empezaste a manejar?

–Al comprar mi primer auto no sabía, aprendí de grande. Con el carné tuve suerte, porque el “capo” de tránsito era fanático de Vélez y me lo dio de onda. Era un Valiant celeste, con una franja roja y la típica colita de pescado, muy veloz: el primer día lo choqué. De los que tuve, el mejor fue un R21 con techo corredizo que me robaron. Ahora tengo un Megane 2.0, que le metí GNC, con lo que ahorro un montón.

Finalmente, Daniel cuenta que hoy evita manejar: “Si puedo le doy el volante a algún amigo. Me libera para ir tranquilo, jodiendo y hablando macanas”.

Daniel según Daniel

Actualmente, Willington vive con su pareja Ana María. Su vida diaria se divide entre el hogar y los escapes “permitidos” de los sábados, cuando regresa a “su barrio” para el clásico asado y truco con los amigos de siempre.

 

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